Nada es nunca lo que parece. Y menos si David Gurney está involucrado. Han pasado seis meses. David Gurney
apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de
haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más
peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada; Gurney
ha sido diagnosticado con síndrome de estrés post traumático y nada
parece alegrarle. Días después el ex detective recibe una llamada.
Han pasado cuatro meses desde que David Gurney resolvió el caso del Buen Pastor
y las consecuencias han sido terribles: se perdieron vidas y hubo
carreras profesionales afectadas. Uno de los que más ha sufrido ha sido Jack Hardwick, que violó la normativa por ayudar a Gurney. Los superiores de Hardwick pensaron que despidiéndole arreglaban todos sus problemas. En realidad, se buscaron un enemigo acérrimo.
Controlaré tus sueños
Cuatro personas que no se han visto nunca y que no parecen tener nada en
común explican que han tenido el mismo sueño: una pesadilla recurrente
cuyo elemento más inquietante es un cuchillo ensangrentado con la cabeza
tallada de un lobo en la empuñadura. Todos los hombres son hallados
muertos posteriormente. La policía enseguida descubre que las víctimas
tenían dos hechos significativos en común: todos habían pernoctado
recientemente en un mismo hotel, viejo y misterioso, de las montañas de
Adirondack, y todos habían consultado al mismo hipnoterapeuta. Gurney
se apresura a resolver otra serie de interrogantes imposibles, que en
esta ocasión desconcertarán tanto a su cabeza como a su corazón. 











